En Hungría se realizaron dos proclamaciones de reyes. La Dieta declaró en Székesfehérvár a Juan Zápolya como monarca, mientras que una facción opuesta invistió al archiduque Fernando de Habsburgo con el mismo cargo, y Solimán optó por apoyar a Juan.
A comienzos de mayo de 1529, Solimán organizó la recuperación de Buda, capital de Hungría, junto al serasquier Ibrahim y un ejército, logrando su objetivo en un cuatrimestre y devolviendo el trono a Zápolya. Colocado a Juan como rey magiar, el sultán otomano y sus tropas se dirigieron a Viena.
Solimán, Ibrahim y Juan enfrentan a Fernando
La Casa del Recreador describió que Solimán:
Reunió por un lado una flota que subió el Danubio y un ejército terrestre de unos 150.000 hombres, 300 piezas de artillería y 20.000 camellos que encabezaría él mismo y cuyo mando delegó en su gran visir, Ibrahim Pachá.
Las fuerzas otomanas estaban formadas en un tercio por sifahis (caballería ligera, jinetes a caballo y caballería pesada) junto a voluntarios jenízaros (escopeteros, lanceros, arqueros, rodeleros) y de reinos feudatarios como Moldavia o Serbia. También se les unieron por el camino voluntarios de la fe o (escopeteros, lanceros, arqueros, rodeleros) y de reinos feudatarios como Moldavia o Serbia. También se les unieron por el camino voluntarios de la fe o ghazis, y como veremos, algunas unidades de la caballería húngara con su aliado colaboracionista Juan I Zápolya a la cabeza (La Casa del Recreador, 2022).
El ejército de Solimán tuvo dificultades cuando llegó a Bulgaria. Allá las extensas lluvias inundaron las llanuras, «un otoño especialmente lluvioso y frío» (de Bunes Ibarra, 2015, pág. 91) por lo que era difícil trasladar los armamentos pesados, a lo que se agregó el hambre y las enfermedades.
El ejército de Solimán no pudo vencer a Fernando en Viena
En Austria:
La llegada providencial de 1500 lansquenetes alemanes y 700 arcabuceros españoles enviados por la reina María de Austria, viuda de Luis II y hermana de Carlos V y Fernando I, sirvió para reforzar algo la moral de los defensores austríacos que habían quedado en Viena, entre 15000 y 17.000 hombres.
Estos 700 arcabuceros eran oriundos de Medina del Campo (Castilla) y servían en Alemania como guardia personal de Fernando I. Su jefe era el maestre de campo Luis de Ávalos. Al principio, por su condición de extranjeros y católicos, suscitaron ciertos rechazos entre la población local vienesa que simpatizaba con los protestantes.
Estos refuerzos germano-húngaros-españoles se unieron a los defensores vieneses y se organizaron bajo el mando de Nicolás Graf Salm, un veterano de la Batalla de Pavía de 70 años, que habría de enfrentarse a la campaña más decisiva de su carrera.
Salm tomó medidas tácticas extraordinarias. Convirtió la catedral de San Esteban en su cuartel general; ordenó la quema de las casas de los arrabales para despejar los campos; reforzó las murallas; creó baluartes con rampas, y evacuó a los civiles no combatientes: niños, mujeres, ancianos y religiosos.
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