Según los planteamientos de Federico Engels en 1878:
El moderno modo de producción capitalista cuanto el sistema de distribución de bienes por él creado han entrado en hiriente contradicción con aquel modo de producción mismo, y ello hasta tal punto que tiene que producirse una subversión de los modos de producción y distribución que elimine todas las diferencias de clase, si es que la entera sociedad moderna no tiene que perecer. La certeza de la victoria del socialismo moderno se basa en ese hecho material y tangible que se impone con irresistible necesidad y en forma más o menos clara a las cabezas de los proletarios explotados.
Las contribuciones de Taylor y Ford
Los obreros, al criterio de Engels, estaban a la víspera del poder. Dos estadunidenses, sin embargo, cambiaron el curso del capitalismo; uno de ellos mientras Engels escribía el planteamiento de arriba en El anti-Dühring o «la subversión de la ciencia» de Eugenio Dühring, Frederick Winslow Taylor estudiaba como darle una organización técnica o científica al trabajo racionalizando y especializándolo hasta que un cuarto de siglo más tarde condensó todos sus conocimientos en la obra Shop management; el segundo fue Henry Ford, quien perfeccionó el montaje de la producción en cadena de Ransom Eli Olds; empleó la «motivación salarial» pagándoles a los obreros el doble del sueldo por hora, y, por otro lado, reduciendo los costos de producción, en pocas palabras, Frederick Taylor y Ford salvaron al capitalismo.
Buscando la perfección en el sistema se cayó en un conflicto de rapiña que fue la Primera Guerra Mundial. El sociólogo polacobritánico Zygmunt Bauman describió el fenómeno de la manera siguiente:
La búsqueda de la perfección llevó a erradicar, destruir y deshacerse de numerosos seres que no podían ser integrados en un esquema perfecto del mundo. La destrucción fue la verdadera sustancia de la creación: la destrucción de las imperfecciones fue la condición –una condición tanto suficiente como necesaria– para alcanzar la perfección.
Nazismo y estalinismo
Esta perfección la continuaron buscando dos fenómenos históricos: el nazismo y el estalinismo. Entre los dos borraron al menos veinte millones de vidas humanas, y de acuerdo con el sociólogo Bauman:
Sólo hicieron lo que otros deseaban hacer, pero que eran demasiado tímidos, o demasiado blandos, o faltos de determinación, para hacerlo realidad…
Y lo seguimos haciendo, aunque de manera menos espectacular y con ello menos repugnante, y aunque se trate de compromiso más diluido y atenuado, lo hacemos, como ha observado acertadamente, siguiendo fielmente el precepto del «distanciamiento, alejamiento y automatización»
