Ahmed Hasán al Bakr, presidente de Irak, con su compañero y compueblano de Tikrit, Sadam Huseín, derrocaron al presidente Abdul Rahman Arif a finales de la década del 60. Desde ese momento fue el jefe de Estado de su país, y las cardiopatías que lo aquejaban fueron mermando progresivamente su capacidad de gobernar.
Un editorial de The New York Times de 7 de diciembre de 1974 expresa:
El presidente de Irak, Ahmed Hassan al-Bakr, quien ha estado ausente de las funciones oficiales durante tres semanas, se encuentra en estado crítico tras sufrir una hemorragia cerebral, según fuentes diplomáticas árabes y comunistas.
Algunas de estas fuentes indicaron que el presidente iraquí, de 59 años, fue examinado la semana pasada por el Dr. Michael Debakey, un destacado cirujano cardíaco estadunidense de origen libanés, que se encontraba de visita en Bagdad, la capital iraquí.
Según se informa, el señor Bakr estuvo ausente de la ceremonia de bienvenida al primer ministro francés Jacques Chirac a principios de esta semana.
Según se informó, el presidente iraquí tampoco pudo asistir al funeral de su esposa hace dos semanas. Estuvo representado por Saddam Hussein, vicepresidente del Consejo Revolucionario, el partido gobernante de Irak.
A Irak llegó el 15 de julio de 1979 el ministro de Relaciones Exteriores de República Federal de Alemania, Hans-Dietrich Genscher. En un cable de la Oficina para el Medio Oriente y Asia Meridional dirigido al Departamento de Estado señaló que:
Genscher observó que la fuerza de una nación no se mide solo en equipo militar, y presentó que si bien Israel puede ser más fuerte que los árabes individualmente o como grupo en el campo militar, está perdiendo rápidamente en el campo de la opinión pública y el apoyo, incluso en los EE. UU. para promover esta tesis, Genscher utilizó los tres ejemplos que había citado en los debates del Bundestag unos días antes (asentamientos, soberanía sobre los territorios ocupados, Jerusalén oriental) como ilustraciones de acciones que están haciendo perder rápidamente amigos a Israel en todo el mundo. según se informa, los iraquíes escucharon con interés esta presentación, que Genscher declaró que era la opinión de la Comunidad Europea.
Al día siguiente, Huseín sustituyó a Al Bakr como presidente. El día 22, Sadam convocó una asamblea del Partido Baaz, que fue transmitida por televisión, se escuchó el «testimonio» del secretario de Al Bakr, Muhyi Abdel Huseín, de que había sido partícipe de una conspiración de Siria contra Irak; el nuevo líder leyó una lista de otros 21 conspiradores, dirigentes de la organización política, los cuales fueron apartados de la reunión y fusilados sin escuchárseles.
Esta supuesta conspiración siria echó frustró la reunión entre los dos presidentes: Hafez al Asad y Huseín en octubre. En ella se publicaron grabaciones de inteligencia que demostraban la supuesta conspiración siria contra el nuevo jefe de Estado iraquí.
La Carta Nacional de Acción Conjunta no se pudo firmar. En el fondo Sadam consideraba que, con la Revolución iraní, el presidente Al Asad procuraba estrangular a Irak.
Irak y Siria rompieron las relaciones diplomáticas al mes siguiente. Evidentemente, el triunfo de la Revolución iraní trastornó las relaciones entre Irak y Siria.
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