Zygmunt Bauman, sociólogo polacobritánico, dijo que el amor empieza por la existencia del prójimo. En su libro Mundo consumo dice que «El amor a nosotros mismos está construido a partir del amor que otros nos ofrecen. Debe haber otros que nos amen primero para que podamos empezar a amarnos a nosotros mismos.»
El dúo moral
El otro, según el también sociólogo británico Harvie Ferguson es «externo al sujeto». Para el filósofo lituano Emmanuel Levinas «el otro no es un fragmento diferenciado o una proyección de lo que es antes interno a la conciencia, ni puede ser asimilado a dicha conciencia en modo alguno; es y continúa siendo ‘externo al sujeto’»
El otro y yo formamos un dúo moral. Ahora bien ¿Qué sucede cuando la díada se convierte en tríada?
Con esta última el comportamiento cambia según el filósofo prusiano Georg Simmel. Explica que «el elemento diádico se ve mucho más frecuentemente enfrentado a un todo o nada que el miembro de grupos más numerosos.»
La tríada genera represión
La tríada según el filósofo Levinas, cambia:
El orden de la ética, o el orden de la santidad, o el de la misericordia, o el del amor, o el de la caridad, en el que el otro ser humano me interesa con independencia del lugar que ocupa en la multitud de seres humanos, e incluso con independencia de nuestro carácter común de individuos de la especie humana.
El sujeto en tríada, de acuerdo con el sociólogo Bauman, he sometido a «códigos, leyes, jurisdicción e instituciones que los instalen y los supervisen en su totalidad: de camino hacia la proyección hacia la gran pantalla de la sociedad, el sentido moral se reencarna en (o es procesado como) justicia social».
La supervisión del sujeto causa un temor. Este miedo fue analizado por las estadunidenses Colette Downling y Arlie Russell Hochschild, y esta última aseveró que «el temor a ser dependiente de otra persona evoca la imagen del cowboy americano: solo, distante, errante y libre a lomo de su caballo. […] De las cenizas de Cenicienta surge entonces una cowgirl posmoderna».
