Juan Bosch escribió una serie de diez artículos con el título «La política no es un negocio», que fue publicada en las ediciones de «Vanguardia del Pueblo» correspondientes a los números 501, de fecha 22 de mayo de 1985, al 511, del 31 de julio del mencionado año 1985.
En el primer artículo, en la parte dedicada a «Política y publicidad» don Juan expresa:
«En cualquiera de los dos partidos (se refiere al PRD y al PRSC) las personas que ocupan en la sociedad posiciones altas o tienen nombres conocidos ingresan en ellos ocupando desde el primer momento puestos de mando o la dirección política porque se da como un hecho aceptado que el nivel que se ha ocupado o a que se ha llegado en la sociedad económica o profesional es el que debe ocuparse en el partido, lo que equivale a decir que para los que dirigen esos partidos no es necesario ni cosa parecida que una persona tenga conocimientos de la ciencia que Juan Pablo Duarte llamó «la más pura y la más digna después de la filosofía de ocupar las inteligencias más nobles».
Y de inmediato agrega:
«Lo mismo en el Partido Revolucionario Dominicano que en el Reformista Social Cristiano el que tiene dinero con qué pagar una propaganda de prensa o de paredes se declara a sí mismo, sin tomar en cuenta a los líderes del partido ni a ninguno de sus organismos, precandidato a senador, a diputado, a síndico, a vicepresidente y hasta a la presidencia de la República, y una vez puesta en circulación su decisión de alcanzar alguno de esos cargos todos los miembros de su partido la aceptarán como legítima y por tanto respetable, y a partir de ese momento el aspirante se convierte en un personaje importante en la vida partidista, tan respetable que en poco tiempo pasa a ser conocido nacionalmente gracias a la atención que le prestan periodistas de diarios, radio y televisión especializados en el negocio de difundir las imágenes y las pretensiones de esos nuevos miembros de la galería de personalidades políticas del país a pesar de que todo el mundo sabe que en materia política es punto menos que un analfabeto».
Lamentablemente de ese proceder no que exento el PLD de ahora, por razones conocidas de todos.
La razón de ser de un partido político es llegar al poder para desde ahí aplicar a la sociedad en la que actúa el programa y las medidas que se consideran harán avanzar a la sociedad por el sendero del desarrollo que necesitan las fuerzas sociales de las que ese partido es expresión, es su abanderado.
Para lograr el propósito de llegar al poder nuestro Partido ha tenido que pagar un precio muy caro. Tuvimos que aliarnos a las fuerzas más conservadoras de la sociedad y ceder quizás demasiado en nuestros objetivos originales. Hicimos demasiadas concesiones en el peor de los escenarios: sin el líder visionario y en un contexto de reflujo de las fuerzas de avanzadas. Eso y otros factores, que don Juan menciona en algunos de estos artículos, aunque atribuidos en 1985 a otras organizaciones, contribuyeron a afectar negativamente la vida de nuestra organización. Se perdió el criterio de ver la política como un oficio que se ejercía en todo momento, una profesión que se estudiaba a profundidad; el de que cada uno de nosotros era el Partido en el local, en la casa, el trabajo o el centro de estudios. Cada uno era el Partido y velada por sus intereses. Teníamos locales abiertos permanentemente, no sólo en campaña; nos reuníamos para tratar asuntos políticos, no cuántas fundas nos tocaban o si a Fulano le dieron más que a nosotros; en fin considerábamos la política como la asumieron Juan Pablo Duarte y Juan Bosch: la ciencia más pura y la más digna después de la filosofía de ocupar las inteligencias más nobles.
Seguiremos mañana con otras citas de esa serie. Nos parece que lo dicho ahí por don Juan nos ayudará a entender algunas de las cosas que pasan y seguirán pasando, y, lo más importante, nos podrían sensibilizar para esforzarnos por contribuir a hacer de la nuestra una mejor organización.
Lunes 7 de marzo de 2022.
