Cuando el presidente de Siria, Hafez al Asad, se reunió con la secretaria de Estado Madeleine Albright, sus condiciones de salud iban declinando. El articulista Douglas Jehl decía:
Hafez al Asad cumple 70 años este año [1999] y se le ve frágil. En ocasiones, su semblante parece ausente, según comentan quienes lo visitan. En los últimos seis meses, ha cancelado dos veces sus discursos ante el Parlamento. Según diplomáticos locales, ahora se centra en allanar el camino para que su hijo, Bashar, lo suceda (Jehl, 1999).
Después de la visita a Al Asad, Albright se reunió con Ehud Barak el 8 de diciembre de 1999. El primer ministro israelí afirmó que «No firmaré ningún acuerdo que, a mi juicio, no fortalezca a Israel en lugar de debilitarlo».
Israel, según Barak, requerirá de «compromisos dolorosos». Esto lo señaló cuando se refirió a la reanudación de las conversaciones con Siria, que el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, anunció ese día.
Una semana más tarde, Clinton recibió en una fría y neblinosa mañana en la Casa Blanca a Barak y al ministro de Relaciones Exteriores sirio, Faruk al Shara. En un ambiente de «optimismo tenso» y sin que se estrecharan las manos los líderes de Israel y de Siria iniciaron las conversaciones durante dos días.
Al Shara fue directo. Dijo que procuraba la devolución de las alturas de Golán a la soberanía siria, mientras que el primer ministro Barak declaró «determinado a hacer todo lo que se pueda», y el presidente Clinton fue más cauto al asegurar que «Lo que estamos presenciando hoy todavía no es la paz, y llegar a ella requerirá un pensamiento audaz y decisiones difíciles» (Oficina del Secretario de Prensa, 1999).
Limar las asperezas entre israelíes y sirios condujo a otra convocatoria. Esa tuvo lugar el 3 de enero de 2000 en Shepherdstown, Virginia Oeste.
Las delegaciones no se ponían de acuerdo por cuál tema empezar. La parte israelí exigía iniciar por la seguridad y la normalización, mientras que los sirios entendían que el punto debía ser la frontera hasta que el presidente Clinton sugirió discutir simultáneamente los dos tópicos, y agregar una agenda de cuatro puntos: 1) fronteras; 2) seguridad; 3) agua y 4) relaciones bilaterales.
A mitad de conferencia, Clinton presentó un documento resumen de lo tratado y de lo pendiente. Se presentó un tranque con el tema de frontera porque la delegación israelí entendía que la línea divisoria debía ser la de 1923, pero los sirios consideraron que debía ser la de 1967: lo que estaba en juego en esa diferencia era el acceso al agua del mar de Galilea para Siria o no.
La delegación siria no estaba de acuerdo con la propuesta israelí sobre seguridad. Esta definía una zona desmilitarizada desde la frontera hasta Damasco, pero los sirios entendían que la vigilancia electrónica bastaba.
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