Enviados por Selim II en 1570:
Emprendieron camino 25 galeras, en abril se enviaron 65 galeras y 5 galeotas y en mayo partió el grueso de los efectivos: 36 galeras más, 12 fustas, 8 mahonas, 40 barcos de transporte para caballos y otros 40 de tropas, además de las vituallas y toda la artillería.
Selim puso al mando de la expedición de Chipre a Lalá Mustafá, que fue nombrado serasker de las tropas de tierra, mientras que el renegado húngaro Pialí Pachá era el comandante en jefe de la flota (Honorario, 2001).
Chipre era una isla productora de sal, azúcar y vino, y mantuvieron sitiada a Nicosia por mes y medio. Paradox Forum escribe que:
La República [veneciana] se preparo para defenderse y reunio en el puerto de Zara una flota de 90 galeras y 3.000 hombres para ayudar a la protección de Chipre. Por otra parte, intentó formar una coalición con el resto de reinos de la Europa occidental y el Papa, que aportó dos galeras, emprendió la labor de concienciar a las potencias occidentales. No obstante, la ayuda recibida fue demasiado exigua para las necesidades que se iban a producir en un futuro inmediato: 3 galeras de Malta, algunas tropas de Saboya y Florencia y la promesa reticente de Felipe II de enviar a Messina 60 galeras al mando de Juan Andrea Doria para que se reunieran con la flota veneciana cuando ésta emprendiera su rumbo a la isla (Honorario, 2001).
Los cristianos se unen en la Liga Santa contra la flota turca
Hasta el 1 de agosto de 1571, los otomanos sitiaron Famagusta. Aunque el comandante turco Lalá Mustafá prometió tratar bien a los venecianos que resistían los ataques, finalmente no lo hizo, alegando que los venecianos habían ejecutado prisioneros musulmanes y escondido provisiones.
La República de Venecia pidió ayuda al papa Pío V, quien formó la Liga Santa, coalición que reunió a venecianos, españoles, los Estados pontificios, Génova, Saboya, Toscana y la Orden de Malta. La coalición fue liderada por Juan de Austria, hermano de Felipe II, mientras que los otomanos estuvieron bajo el mando de Müezinzade Alí, quien tenía 221 galeras y 66 galeotas frente a las 218 embarcaciones occidentales.
El enfrentamiento ocurrió el 7 de octubre en el golfo de Patras durante cinco horas; ambos bandos se dividieron en tres partes. En el ala norte otomana, Mehmet Siroco logró matar al comandante veneciano Agostino Barbarigo.
Fuerzas equilibradas entre las flotas turcas y cristianas
Escribe el Ministerio de Cultura de España:
En apariencia las fuerzas estaban relativamente equilibradas, pero sería clave la disparidad en la calidad de los recursos de cada bando, así como su distribución. Los turcos tenían más hombres y más naves que los cristianos, pero sus naves eran más pequeñas y peor artilladas. En las galeras turcas, salvo en las 40-50 galeras reales, había menos soldados que en las naves cristianas, al reforzar con profesionales de los tercios, se abre en ventana nueva las galeras venecianas. El armamento también era desigual: los cristianos disparaban arcabuces, mientras que los turcos preferían las flechas envenenadas; además, las galeazas venecianas portaban bastantes cañones. Por si fuese poco, mientras que muchos de los soldados turcos eran jóvenes inexpertos, en la flota de la Santa Liga se enrolaron los Tercios Viejos españoles e italianos, reforzados con mercenarios italianos, alemanes y suizos, curtidos en mil batallas. Además, el arma secreta estaba bajo cubierta: a los efectivos cristianos habría que sumar otros 34.000 marineros y galeotes, se abre en ventana nueva (muchos de ellos penados a remar sin sueldo) que fueron armados al entrar en combate con la promesa del indulto; en tanto que los galeotes turcos eran en su mayoría cristianos e incluso llevaban como remeros a mujeres; de este modo, la flota de la Liga Santa podía disponer del doble o triple de combatientes que el enemigo (Ministerio de Cultura de España, s.f.).
Los occidentales no se dejaron confundir del comandante otomano Uluj Alí en el ala sur. Este simuló una retirada, pero los cristianos actuaron cautelosamente, mientras que los ataques mayores se produjeron en el centro cuando fue decapitado Müezinzade Alí luego que abordaron el buque insignia turco La Sultana.
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