El presidente Joaquín Balaguer, después de sorteado favorablemente para su gobierno el desembarco del expresidente Francisco Alberto Caamaño y sus compañeros, decidió conocer la reacción del Departamento de Estado de la Unión Americana con respeto a su repostulación. La persona que sirvió para el contacto fue el embajador dominicano en Venezuela, Rafael Bonilla Aybar (Bonillita), quien contactó en la primera quincena de abril de 1973 al ministro consejero de la Embajada de Estados Unidos en el país suramericano, Frank J. J. Devine, y este envió un cable el día 16 al secretario de Estado adjunto de Asuntos Interamericanos.
La Casa Blanca se alarma por el voto dominicano a favor de Cuba
Un asistente del secretario de Estado adjunto le respondió al embajador Devine. Se trata de un exembajador en República Dominicana, John Hugh Crimmins, a quien le sorprendió la vía que tomó el presidente Balaguer para medir la reacción de la Casa Blanca sobre su candidatura, y la respuesta fue «For your information, we are attempting to avoid showing any preference at all for any candidate, including, of course, Balaguer. Our doors remain open to Dominican politicians of any or all persuasions—excepting, of course, the extremists” (Para su información, nosotros estamos tratando de evitar preferencias por algún candidato, incluyendo, por supuesto, a Balaguer. Nuestras puertas se mantienen abiertas a los políticos dominicanos de cualquier tendencia, excepto, por supuesto, de los extremistas). Una copia de la comunicación fue enviada al embajador de Estados Unidos acreditado en República Dominicana.
Sobre República Dominicana, el gobierno estadunidense puso el foco por otra situación. En la Organización de Estados Americanos (OEA) se discutía en Quito, Ecuador, el 19 de noviembre, el levantamiento de las sanciones contra Cuba a raíz de su revolución; Balaguer había instruido cuidadosamente al embajador de la misión permanente, el joven Víctor Gómez Bergés, de que se manejara con tacto y que observara detenidamente dónde estaba la mayoría, y precavidamente el embajador Gómez Bergés escuchó a todos los representantes reunidos para él fijar posición, que fue el levantamiento de las medidas contra el gobierno del comandante Fidel Castro, y en ese mismo sentido también el representante dominicano así lo hizo.
Balaguer bloquea a Gómez Bergés
Gómez Bergés recibió a cambio una licencia en sus funciones sin pedirla. Mientras tanto, Balaguer alertaba al Departamento de Estado que no confiaba en su embajador en la OEA porque había votado a favor del levantamiento de las sanciones contra Cuba sin su consulta, y de esta manera, echó por la borda la promoción que había para que su representante ante el organismo regional fuere el nuevo secretario general, auspiciada por los gobiernos de Costa Rica y de México.
El gobierno de Balaguer fue de interés de la Casa Blanca por otro asunto. El manejo de la transnacional Gulf and Western había creado un avispero político, y la embajada de Estados Unidos tuvo que formar aceleradamente un grupo de trabajo que se reunió con el presidente dominicano, con Charles Bludhorn y el administrador de Central Romana, Álvaro Cartas.
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