Yitzhak Shamir, primer ministro israelí, recibió el 26 de abril de 1991 al secretario de Estado de Estados Unidos, James Baker. El alto funcionario estadunidense le llevó una carta garantía al jefe de gobierno de Israel en la cual la Casa Blanca no reconocería de manera unilateral el Estado palestino, pero le sugería la detención de los asentamientos en los territorios ocupados y quienes podrían ser los posibles delegados de Palestina ante la Conferencia que Internacional de Madrid.
En cuanto a los asentamientos, Baker señaló que el Congreso de Estados Unidos no aprobaría la garantía de 10 millardos para la recepción de judíos procedentes de las exrepúblicas soviéticas porque sería aprovechada por el gobierno israelí para eso. El primer ministro Shamir se negó a aceptar condiciones, y consideró que lo anunciado por el secretario de Estado era una injerencia en la política interna israelí que podría construir donde quisiera, y rechazó que entre los delegados palestinos hubiese alguien que haya residido en el este de Jerusalén o haya tenido contacto con la Organización para la Liberación de Palestina.
La negativa de Shamir tras horas de discusión exasperó a Baker. El secretario de Estado extrajo una tarjeta de presentación con el número 202-456-1414; le dijo al primer ministro que «Cuando se tome la paz en serio, llámenos. Aquí tiene nuestro número» (Baker & DeFrank, 1995), y canceló la conferencia de prensa que estaba programada tras el encuentro.
Ante la reacción airada de Baker, político tejano, directo, metódico, pero a la vez pragmático, los ministros israelíes de Defensa y de Relaciones Exteriores Moshe Arens y David Levy le sugirieron a Shamir, ideológico, callado y terco, de no romper con Estados Unidos. Los Estados árabes acusaron a Israel de boicotear a la Conferencia de Madrid.
Pendiente a la Conferencia de Madrid, Baker visitó dos semanas después al presidente sirio Hafez al Asad. El mandatario, inicialmente, condicionó la participación de Siria a un evento organizado por las Naciones Unidas y con la garantía de Estados Unidos y Unión Soviética donde Israel devolviera los territorios ocupados después de la guerra de los Seis Días y detuviera los asentamientos.
Con solo el auspicio de Estados Unidos y Unión Soviética, Al Asad se conformó al día siguiente, 12 de mayo, luego de las discusiones. El presidente sirio temía a «una normalización sin retirada» israelí.
Israel, según el criterio de Al Asad, no debía reunirse a puerta cerrada con ningún Estado árabe. Contrario a la concepción del secretario Baker, pero el presidente sirio entendía que el poderío militar israelí determinaría los términos de las negociaciones.
En medio de la reunión, el Consejo de Cooperación del Golfo decidió enviar un observador a la conferencia, y el periodista de Los Ángeles Times, Norman Kempster, reseñó:
Baker espera que el anuncio del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) también tenga repercusiones en Siria, a pesar de que Asad se ha opuesto firmemente a la participación de Arabia Saudí y otros Estados árabes que no limitan con Israel en el proceso de paz. Al excluir a los Estados del Golfo, Asad esperaba limitar el alcance de las conversaciones a la ocupación israelí de los Altos del Golán y otros territorios anteriormente árabes (Kempster, 1991).
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