Cuando el Departamento de Estado decidió reconocer como interlocutor a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), ambas partes se reunieron a fines de 1988. Crearon dos grupos de trabajo: uno político y otro de seguridad, y del lado palestino también participó Mahmud Abas.
En el grupo político se procuraba la celebración de elecciones en Gaza y en Cisjordania. Se sondeaba la dificultad de participación de la OLP tomando en cuenta que la organización estaba exiliada, pero de esta manera se cumplía una de las exigencias del primer ministro israelí, Yitzhak Shamir.
El grupo de seguridad tuvo como tema el antiterrorismo. La OLP se comprometía con el gobierno de Estados Unidos de denunciar las organizaciones disidentes que mantenía esa vía de acción para su monitoreo.
Las partes acordaron anunciar sus decisiones mediante comunicados conjuntos. Dar explicaciones genéricas para evitar el boicot del gobierno de Israel y de Hamás y el Frente Popular para la Liberación de Palestina.
El nuevo gobierno del presidente George Herbert Bush dio continuidad a las negociaciones. Mantuvo al embajador Robert Pelletreau, pero fue más exigente con la OLP pidiéndole que condenara cualquier acción palestina que se considerara terrorismo.
A los palestinos no solo fue la parte que se les exigió, el secretario de Estado James Baker condenó el 22 de mayo de 1989 los asentamientos israelíes en Gaza y Cisjordania. Su discurso, conocido como el Plan de los Cinco Puntos, fue dado en una reunión del Comité de Asuntos Públicos estadunidense-israelí, y en él dijo «Para Israel, ha llegado la hora de abandonar, de una vez por todas, el sueño de un Gran Israel. La anexión, los asentamientos, no pueden traer la paz duradera que Israel merece y anhela.»
Israel no conseguiría la paz, según Baker, si continuaba permitiendo los asentamientos en territorios palestinos. De quienes, consideró que debían tener un autogobierno.
Los palestinos, de todas maneras, no tendrían, según su criterio una estadidad inmediata. Consideraba que debía frenar la violencia de la intifada.
Las declaraciones de Baker cayeron mal en el gobierno israelí. El primer ministro de Israel, Yitzhak Shamir, las rechazó de plano porque las entendió como una intromisión en los asuntos internos de su país.
Las declaraciones de Baker fueron recibidas con cautela por los palestinos. Vieron con buenos ojos la presión contra los asentamientos, pero mostraron escepticismo en cuanto la formación real del Estado de Palestina y la detención de la intifada.
Baker también se dirigió a los gobernantes árabes. Los instó a reconocer a Israel; a suspender el boicot que le tenían y reconocerle el derecho a tener fronteras seguras.
La Liga Árabe tenía una cumbre programada al día siguiente. La OLP retiró las objeciones que tenía contra Egipto por la firma de los acuerdos de paz anteriores con Israel, y necesitaba del Estado árabe más poderoso militarmente para presionar por la independencia efectiva de Palestina, y de esta manera se dio un doble movimiento simultáneo levantándose la suspensión que le pesaba desde una década atrás. De esta nueva situación surgió el plan Mubarak como alternativa a los Cinco Puntos de Baker.
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