Henry Kissinger, asesor presidencial de Seguridad Nacional, recomendó el 21 de setiembre de 1970 que el Grupo de Tareas Especiales se reuniera a las 4 de la tarde. Encomendó al almirante Thomas Moore, jefe de operaciones navales, que redactara un informe sobre la preparación de las tropas de Estados Unidos en el área, y en verdad, la sesión inició con 25 minutos de retrasos.
En la reunión se determinó:
1.
El Estado preparará nuevos borradores de las declaraciones públicas propuestas para su uso en caso de que Israel decida intervenir en Siria en lugar de en Jordania;
2.
El Estado se coordinará con los británicos con el fin de informar a nuestros aliados de la OTAN sobre la situación;
3.
Revisar durante la noche la lista de medidas de preparación que Estados Unidos podría tomar frente a los soviéticos y seleccionar las acciones más probables para su discusión en la próxima reunión (Documento 304, Departamento de Estado, 1970).
Los choques entre Siria y Jordania empezaron
El representante de la Agencia Central de Inteligencia, el teniente general Cushman, informaba que «Se han reportado algunos enfrentamientos entre jordanos y sirios en la zona de Irbid. Ochenta tanques se están desplazando desde Amán para reforzar los noventa que los jordanos tenían allí inicialmente. No tenemos ninguna novedad respecto a Amán» (ibid.).
El secretario de Estado adjunto para Asuntos Políticos, Alexis Johnson, informó cuál era la declaración pública que tenía preparada el gobierno de Estados Unidos:
Es fundamental que el conflicto no se extienda aún más con la participación de potencias extranjeras. Mientras el conflicto se limite a los países de la zona, Estados Unidos tiene la intención de perseguir su objetivo de una paz justa en la región por medios diplomáticos (ibid.).
Kissinger informa que Estados Unidos alienta una intervención de Israel en Siria
La intención era disuadir a Unión Soviética. Ya sus autoridades habían colocado tres destructores en el mar Mediterráneo, procedente del mar Negro, y el asesor Kissinger aclaraba que:
En este sentido, el Presidente ha ordenado que exploremos con Rabin la posibilidad de alentar a los israelíes a intervenir en Siria, la opción que rechazamos ayer. Entiendo que ayer todos estábamos unidos en contra por motivos políticos, pero quisiera presentar algunos de los argumentos del Presidente. La intervención terrestre israelí sería muy dura para Hussein. Un ataque contra Siria sería menos peligroso para él que si se dirigiera contra su territorio. Además, sería más fácil lograr que Israel se retirara del territorio sirio que del jordano. Si la situación se descontrola en Jordania, Israel podría usarlo como pretexto para permanecer allí. También podría ayudar a los moderados, si es que quedan en el mundo árabe, quienes podrían culpar a los sirios de haber provocado los combates. Sisco está explorando esto con Rabin . El Departamento de Estado podría revisar sus borradores de textos para ver cómo podrían modificarse si Israel interviniera en Siria. Puede que sea más fácil reajustar la situación en caso de una intervención en Siria, aunque nuestra opinión inicial apuntara en la dirección opuesta (ibid.).
La intervención israelí en Siria provocaría, según Moore, en los soviéticos una reacción «de forma muy diferente». El asesor Kissinger precisaba que «Uno de los objetivos de este ejercicio es hacerles frente. Gritarán, y tendrá que terminar en 72 horas. Al principio dudé de la conveniencia de vincular la declaración al esfuerzo de paz, pero ahora que la veo, me gusta» (ibid.).
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