En 1502, el rey portugués Manuel envió Vasco de Gama (el joven) para India de la manera siguiente:
La nueva expedición se preparó con los ya habituales rituales de partida. En la misa celebrada en la severa catedral cruzada de Lisboa, Gama recibió formalmente su título de almirante de las Indias y fue ataviado con los símbolos del imperio y la guerra. Vestido con una capa de satén carmesí y adornado con una cadena de plata, con una espada desenvainada en la mano derecha y el estandarte real en la izquierda, se arrodilló ante el rey, que le puso un anillo en el dedo (Abellán, 2024).
De Gama sitió a Calcuta
De Gama iba con el criterio que habían adoptados las emergentes potencias ibéricas. Al decir de Roger Crowley «Las potencias ibéricas que se habían repartido el mundo en Tordesillas en 1494 estaban condicionadas a creer en el monopolio comercial y en la obligación de la cruzada» (Crowley, 2005).
Debido a estas circunstancias, las negociaciones de De Gama con los sultanatos de las ciudades costeras africanas resultaron ser complejas. Los líderes locales no estaban familiarizados con el concepto de monopolio, mientras que Portugal, seguido posteriormente por España, establecieron casas de contratación por las cuales debían pasar todas las embarcaciones.
La flota portuguesa llegó a Deli en agosto. Sin embargo, al mes siguiente surgieron complicaciones debido a la intervención de los visitantes en el comercio existente entre indios y árabes. Finalmente, prevaleció la autoridad del almirante de las Indias, quien ordenó el sitio de Calcuta, dejando únicamente dos puertos comerciales operativos, y partió de regreso a la metrópoli en febrero de 1503.
La reconstrucción de un fuerte portugués en India
En ese año llegaron a la costa malabar india los hermanos Alfonso y Francisco de Alburquerque y Duarte Pacheco Pereira. El fin instruido por el rey Manuel fue llevar especias a Portugal, pero la realidad:
Les hizo actuar de manera diferente a lo instruido por el monarca Manuel: tenían que reconstruir el fuerte. El primitivo fuerte, de planta cuadrada, con una empalizada de tierra y madera y una tosca torre del homenaje de piedra, tardó poco más de un mes en construirse. Era, según el cronista Empoli, «muy fuerte… con profundos fosos y fosos a su alrededor, y bien guarnecido y fortificado». Marcó un hito importante en la aventura imperial portuguesa. Fue el primer punto de apoyo sólido en suelo indio, y su finalización se celebró auspiciosamente con toda la ceremonia que se podía reunir el día de Todos los Santos, el 1 de noviembre de 1503. Vestidos con sus mejores ropas, con banderas ondeando en las murallas, asistieron a una misa solemne (Abellán, 2024).
La presencia portuguesa en el Índico alteró las relaciones comerciales que había en la región. Los venecianos «jugaron un más que discutible rol de alianza con el sultán de El Cairo, quien amenazó a los portugueses con destruir los lugares santos de Jerusalén si no abandonaban su empresa imperial en el Índico» (Abellán, 2024).
