El sultán Mansur Saifad Din Qalawn falleció el 10 de noviembre de 1290, siendo sucedido por su hijo Ashraf Salah ad Din Jalil. En ese tiempo, un ataque de cruzados italianos a mercaderes musulmanes en Acre justificó la conquista de la capital del Reino de Jerusalén (que no se encontraba en Jerusalén), la última posesión cruzada en el Levante.
Cinco meses después, Ashraf envió un ejército y máquinas de asedio, incluyendo una extraordinaria catapulta desde el Crac de Caballeros, descrita por Mark Cartwright como «La Victoriosa». Esta catapulta era tan grande que tuvo que ser desmantelada y transportada en 100 carros, lo que causó la muerte de muchos bueyes por agotamiento.
Otra catapulta gigante, «La Furiosa», también fue utilizada, pero las más útiles fueron las catapultas más pequeñas y precisas llamadas «Bueyes Negros» (Cartwright, 2018).
Ashraf Jalil conquista a Acre
Acre fue bloqueada por mar por los mamelucos. El rey Enrique II de Chipre entró en la ciudad el 4 de mayo de 1291, contando con templarios, hospitalarios y mercenarios divididos para la defensa.
Sin embargo, en dos semanas, el rey huyó y las fuerzas de Ashraf lograron la conquista, poniendo fin a la presencia cruzada en la región. Cartwright narra que:
Khalil ordenó la destrucción total de las fortificaciones de la ciudad, reutilizando piezas de arte y arquitectura en El Cairo, y luego tomó los pocos focos de resistencia latina que quedaban en el Levante. Para agosto de 1291, las ciudades de Sidón, Tiro y Beirut, y los castillos templarios de Tortosa y Atlit habían caído. Meticuloso como siempre, Khalil ordenó la destrucción de huertas y canales de irrigación a lo largo de la costa para evitar que futuros ejércitos cruzados se beneficiaran de ellos (Cartwright, 2018).
Doscientos bueyes arrastraron a La Victoriosa y a La Furiosa
Corral describió que
El ejército egipcio era uno de los más imponentes jamás reclutados por los mamelucos, con cuarenta mil jinetes y ciento sesenta mil peones, un total de doscientos mil soldados, muchos de ellos veteranos de campañas anteriores. Además, el sultán disponía de doscientas máquinas de asedio capaces de lanzar enormes piedras a más de trescientos metros, incluyendo las dos mayores catapultas jamás construidas, «La Victoriosa» y «La Furiosa», que fueron transportadas en varias decenas de carros arrastrados por doscientos bueyes durante un mes desde Hosn al-Akrad, en Egipto (Corral, 2006).
Después del triunfo mameluco, en agosto se eligió un nuevo maestre de los templarios en Sidón, asignando la responsabilidad a Teobaldo de Gaudin, quien mantuvo el cargo durante un año y ocho meses.
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