Austria, Prusia, Reino Unido y Rusia manifestaron inquietud por la situación en el Mediterráneo oriental. Las fuerzas del beylerbey egipcio de ascendencia albanesa, Muhamad Alí, representaban una amenaza para la integridad del Imperio otomano.
En consecuencia, se convocó una convención en Londres el 15 de julio de 1840, donde se estableció un plazo para que el gobernador Alí reconociera la autoridad del sultanato, devolviera la flota incorporada a su poder el año anterior, así como los territorios de Líbano, Palestina y Siria, y efectuara el pago de tributo correspondiente. Al líder insurrecto únicamente se le reconocía la soberanía sobre Egipto y Sudán en carácter hereditario.
Sin embargo, ante su negativa a aceptar las condiciones propuestas, la flota británica procedió a bloquear los puertos mediterráneos y emprendió acciones militares contra Siria. El expremier británico, Lord John Russell, dijo un mes y medio después que:
Los asuntos en Oriente parecen estar encaminándose hacia una crisis y confío en que todas las partes comprenderán que no se debe permitir que el viejo Pacha incendie el mundo, independientemente de lo que haga en Siria o incluso en Mesopotamia (Fanack.com, 2017).
La Convención de Londres de 1841 limitaba a Rusia
El «viejo pachá», era Alí. Cedió ante la ofensiva militar y aceptó los términos el 27 de noviembre.
Ocho meses después, los británicos respondieron a Rusia mediante una nueva convención sobre los estrechos del mar Negro. El tratado estipulaba que el Imperio otomano administraría el paso por los Dardanelos y el Bósforo.
Así, Reino Unido limitó la influencia rusa en el mar Negro al tiempo que obtenía plena libertad de acción en el Mediterráneo, en contraste con lo dispuesto por la cláusula secreta del Tratado de Hünkâr İskelesi firmado ocho años antes. En la convención de 1841 participó Francia.
Francia trata de interceder entre el Imperio otomano y Líbano
En la convención anterior, Francia hizo causa común con el beylerbey Alí como también intervinieron en una diferencia entre el sultán otomano Abdulmecid y su emir en Líbano, Bechir Kasem en 1842, la cual concluye con la destitución de este último «ahogada en un baño de sangre» (Alvar, pág. 150).
La destitución de Kasem todavía fue un tema de conflicto entre el Imperio y Francia. Alvar señaló que el gran visir Sarín Efendi le respondió al embajador galo de la manera siguiente:
El gran visir después de haber escuchado con atención las instrucciones de vuestra excelencia ha tomado la palabra en los siguientes términos. «…los disturbios han estallado en Siria, nosotros hemos sido aconsejados por las potencias, nuestras amigas, de tomar medidas propias y restablecer la tranquilidad. Es en esta dirección que hemos enviado al seraskier pacha. Entonces él llega a Beirut y ha reunido a los notables de los habitantes de la Montaña. Estos han dicho que el emir Bechir Kassem era un hombre débil, incapaz de gobernar, que era su incapacidad la que había provocado los disturbios y las hostilidades que habían afligido al país: ellos han declarado que jamás la tranquilidad podría establecerse sólidamente en medio de los montañeses, han pedido la sustitución de Bechir Kassem; han suplicado a la Sublime Puerta, de viva voz y por petición de hacerles el favor de nombrar para el gobierno del monte Líbano una de sus propios empleados…» (Alvar, pág. 152).
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