El 8 de junio de 1967, los generales israelíes Ariel Sharon e Yitzhak Rabin dirigieron una ofensiva hacia el canal de Suez, rompiendo las líneas egipcias, eliminando una división enemiga y capturando gran cantidad de armamento soviético. Ignoraron los llamados internacionales a un alto al fuego y finalmente lograron la ocupación de Sinaí y Gaza.
Durante el conflicto, se produjo un incidente de fuego amigo cuando Israel atacó el USS Liberty, un barco de inteligencia estadounidense, resultando en 34 marinos muertos y 171 heridos. Al día siguiente, las fuerzas israelíes tomaron las alturas del Golán.
Al día 10 se alcanzó el alto al fuego, gracias a la intervención de las Naciones Unidas y los gobiernos de Estados Unidos y Unión Soviética. El resultado para Israel fue la expansión de su territorio a cuatro veces su tamaño previo, un sentimiento de euforia nacionalista y el desplazamiento de trescientos mil refugiados palestinos.
Boumédiène le dijo a Naser: «Solo puedes permanecer en el cargo si reanudas la guerra»
Jesse Ferris describió que:
El territorio bajo control efectivo de Egipto se había reducido en un 20 por ciento. La reputación de Nasser estaba por los suelos, destrozada por diversos contratiempos en el país y en el extranjero. La economía de Egipto estaba en la ruina, endeudada, y su futuro dependía de la generosidad saudí. Las relaciones con los Estados Unidos se habían desintegrado. Y la defensa del reino ante los ataques israelíes se basaba en una división soviética en cuasi-ocupación del valle del Nilo Occidental (Ferris, 2012).
Ante el triunfo de Israel, Naser planteó la renuncia a la Presidencia. Se echó toda la responsabilidad de la derrota egipcia en particular y árabe en general, pero en Egipto hubo manifestaciones masivas para que el presidente se mantuviera en su cargo, y al día siguiente declinó su propuesta.
Naser telefoneó al presidente argelino Houari Boumédiène. Le explicó lo que había ocurrido con su renuncia, pero el jefe de Estado de Argelia le respondió: «Solo puedes permanecer en el cargo si reanudas la guerra.»
«Nasser encarnaba el sueño; Boumédiène, el rigor»
Naser le observaba a Boumédiène que no le quedaba un soldado entre el canal de Suez y El Cairo. Pero el presidente argelino le replicó:
¿Y qué? ¿Qué si ocuparan El Cairo y Damasco…? Sería el principio de su fin. Israel no puede sobrevivir a una guerra prolongada, en territorios vastos… y en múltiples frentes… La verdadera guerra popular es el camino hacia la victoria.
Boumédiène difundió su postura belicista entre los países árabes, advirtiéndoles sobre el derrotismo del presidente Naser. A pesar de sus diferencias, el mandatario argelino envió un total de 20 aviones MiG al jefe de Estado egipcio.
Visto este choque detenidamente no había entre los presidentes de Egipto y de Argelia una lucha personal. Prefiero acudir a la visión de Samir Méhalla sobre estos dos líderes árabes:
Nasser encarnaba el sueño; Boumédiène, el rigor. Uno quería unir, el otro quería liberar.
La historia recordará que, entre el panarabismo romántico y una soberanía pragmática, Boumediene optó por esta última. Y esta elección, aún hoy, resuena como una lección: la de un hombre que prefirió la verdad a la reverencia y el honor a la herencia (Méhalla, 2025).
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