El Imperio otomano se vio obligado a dividir Líbano en varias zonas. Para el 1 de enero de 1844 existía una zona islámica dirigida por el wali de Trípoli; otra cristiana maronita liderada por el emir Haïdar, y una tercera drusa con Arslam como responsable.
Además, había comunidades cristianas, como los ortodoxos y melquitas, repartidas en diferentes regiones del país. Con esa división no se le daba cumplimiento a la convención maronita efectuada un trienio atrás.
En el evento convocado por el patriarca Yusuf Hubaich se estableció que «todos los cristianos debían de estar bajo la jurisdicción del patriarca maronita» (Alvar, pág. 165). Casi un trimestre posterior, los seguidores de Jesús de Líbano le envían una carta al rey francés Luis Felipe, y les dicen:
Nosotros cristianos del Monte Líbano., vuestros servidores, os venimos a exponer el estado deplorable al que estamos reducidos, mis afrentosas miserias, nuestras inexplicables calamidades. Nosotros cristianos que vivimos en el medio de los drusos, hemos sido: Robados por ellos. Nuestras casas incendiadas. Dispersos y fuera de nuestro país En segundo lugar nosotros no hemos obtenido respuesta a nuestras numerosas peticiones para estar bajo la autoridad de un jefe cristiano que tome en sus manos el cuidado de nuestra administración. Contrario nuestras voces las ordenes han sido dadas por el gobernador de Saida para que los cristianos que habitan en los mismos lugares que los drusos o en sus estados. El primero cuando se puso en contacto con Florencia, el segundo con Francia 172 vecindades este bajo la dominación de estos drusos que ven como cosa licita arrebatarnos la vida el honor y apoderases de nuestras fortunas. Los drusos nos han robado nuestros conventos y nuestras iglesias Quemado iglesias. Han hecho correr la sangre de nuestros curas y monjes Han profanado los altares, las imágenes de los santos, el Santo Sacramento lo han laceado, pisoteado han destrozado la cruz, las campanas, para insultar los hábitos de los sacerdotes lo han dado de vestidos a las mujeres Quién podrá sufrir toda esta violencia quien no prefiere perder la vida que someter a su existencia a estos bárbaros enemigos. Nuestros gemidos como no podrán mover a la compasión a vuestro gobierno… nosotros presentamos esta petición a la vista de vuestra humanidad por las manos del servidor de vuestra potencia, el muy piadoso e ilustre arzobispo Nicolás Murad nuestro vicario patriarcal a quien hemos delegado los plenos poderes de todo el pueblo del Monte Líbano y es por su mediación que nosotros recurrimos a este gobierno. El hecho de que el susodicho arzobispo, vuestro servidor, aprovecha la ocasión más favorable que él pueda encontrar para exponeros todos nuestros asuntos y nuestras justas lamentos. Sin la ayuda del favor real no se volcara para sobre la familia Chehab y en particular sobre el emir Bechir. O sobre su hijo Amin, para permitir su retorno y confiarle el cuidado de nuestro gobierno y no será posible que tengamos reposo con otro gobernador, es algo que la experiencia ha demostrado. En fin el susodicho arzobispo le hará conocer estos hechos y todos los demás para que vuestro gobierno esté bien informado que él es el representante del pueblo del Líbano y que él es el instructor de todos nuestros esfuerzos.
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