El Consejo Nacional Palestino celebró su primera reunión en Jerusalén Este, del 28 de mayo al 2 de junio de 1964, con la participación de 422 delegados. Durante este encuentro, se aprobó la Carta Nacional Palestina, que establece que Palestina forma parte de la nación árabe, define sus fronteras según el Mandato Británico, reconoce como palestinos a judíos originarios que retornen al territorio y enfatiza la necesidad de rechazar la «invasión sionista e imperialista».
El Consejo asumió un rol normativo, mientras que el Comité Ejecutivo quedó encargado de poner en práctica las decisiones, y el Fondo Nacional Palestino se ocupó de la recaudación, bajo la presidencia del diplomático y abogado Ahmad Shukeiri. Durante su visita a Jordania, convenció al rey Husein de modificar su postura, motivado por el entusiasmo que generó la creación de la entidad entre la población mayoritariamente palestina de la monarquía hachemí.
La Liga Árabe crea la OLP
La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) pasó a formar parte de la Liga Árabe, decisión tomada durante la segunda cumbre celebrada en Alejandría en setiembre; en ese mismo evento se estableció un brazo armado, el Ejército de Liberación de Palestina, y se acordó destinar el 3 % de los ingresos petroleros al apoyo de la nueva formación.
La constitución de la OLP fue atribuida al presidente egipcio Gamal Abdel Naser, quien también facilitó la protección y acogida en Egipto de oficiales sirios cuyos castigos habían sido conmutados. Estos llegaron tras ser rescatados desde la frontera con Líbano.
El coronel Jasem Alwan fue nombrado secretario general de la Unión Socialista Árabe y continuó su oposición al régimen baazista sirio desde Egipto. Sin embargo, el Consejo Nacional del Comando de la Revolución en Siria nacionalizó, el 1 de enero de 1965, mediante los decretos 1, 2, 3 y 4, la banca y las compañías de seguros.
Siria se vuelve socialista
Las medidas se anunciaron a la 1:30 a.m. del día siguiente a través de Radio Damasco, que interrumpió su programación habitual. El 3 de enero, los bancos y fábricas fueron rodeados por tropas y tanques, y las divisas extranjeras de las entidades financieras fueron confiscadas para reemplazarlas por libras sirias.
Casi dos semanas después se promulgó el decreto 5, que resultó en la estatización total de 22 empresas y la toma del 75 % de las acciones en otras 61, sumando activos valorados en 240 millones de libras sirias y empleando a 12.000 trabajadores. Estos activos se clasificaron en cuatro sectores principales: alimentario, químico, textil e infraestructuras, todos gestionados por el Ministerio de Industria.
Además, las exportaciones e importaciones pasaron a estar bajo control estatal. Con el Estado sirio convertido en el principal empleador, la productividad disminuyó; surgió un mercado negro debido a la escasez y al control de precios, y muchos profesionales y capitales abandonaron el país por el desplazamiento empresarial.
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