El zar Nicolás de Rusia declaró la guerra al Imperio otomano el 26 de abril de 1828 e inició el ataque junto con el príncipe Peter Wittgenstein. Dos meses después, sus fuerzas ingresaron en los principados del Danubio y avanzaron hasta Dobruja, donde sitiaron las fortalezas de Shumen, Varna y Silistra; sin embargo, la ofensiva fracasó y las tropas rusas tuvieron que retirarse a Moldavia.
Al año siguiente, Nicolás regresó a San Petersburgo y remplazó a Wittgenstein por el general Hans Karl von Diebitsch. El 7 de mayo de 1829, Diebitsch volvió a Silistra con un nuevo ejército.
Rusia vence al Imperio otomano en Silistra
En esta ocasión, los rusos lograron tomar Silistra en tres semanas y dos días y vencieron al ejército otomano comandado por el gran visir Reşid Mehmed en la batalla de Kulevicha. La caballería otomana fue superada por la artillería rusa, cuyo poder era considerablemente superior, de modo que, aunque al principio parecía tener ventaja, terminó siendo derrotada por el fuego ruso al ascender por el terreno.
Los zares empleaban su táctica tradicional: retroceder cuando era necesario para mantener la infantería cohesionada y luego lanzar un contrataque contundente con artillería tras desgastar al enemigo. Tras despejar el camino hacia Adrianópolis, el ejército ruso llegó allí el 22 de agosto, lo que obligó al sultán Mahmud II a solicitar la paz tres semanas y dos días después el tratado se firmó en esa ciudad.
Con la pérdida de Adrianópolis y la independencia de Grecia, el Imperio otomano sufrió importantes reveses. Además, el sultán debía a Egipto territorio como Siria y Palestina, prometidos tras la batalla de Navarino, pero al incumplir el acuerdo, el gobernador mameluco Muhamad Alí envió a su hijo Ibrahim a ocupar esas regiones.
Mahmud II llama a Rusia para contener a Ibrahim
A partir de octubre de 1831, Ibrahim avanzó conquistando Gaza, Jafa, Haifa y finalmente Acre siete meses después. Continuó hacia Beirut y Damasco, donde el 9 de julio de 1832 derrotó a las fuerzas otomanas procedentes de Alepo, extendiéndose así hasta Hama y la propia Alepo.
En aquel mes, Ibrahim continuó su marcha ocupando Belén, Antioquía e Iskenderun. El sultán Mahmud II volvió a recurrir a su gran visir Reşid Mehmed, pero en la batalla de Konya el 21 de diciembre, la disciplina prevaleció sobre la superioridad numérica.
En ese momento, Mahmud II entendió que enfrentaba una amenaza cercana, a escasa distancia medida en fersah —la antigua unidad de longitud—. Buscando apoyo, pidió ayuda a Rusia, quien envió fuerzas al Bósforo. Esto provocó la intervención de Francia y el Reino Unido, que también se movilizaron para contener la situación.
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