La incursión de Ibrahim, por una parte, así como la intervención de Francia y Reino Unido en el conflicto, llevaron tanto al sultán otomano Mahmud II como al beylerbey egipcio Muhamad Alí a entablar negociaciones. En mayo de 1833, ambas partes suscribieron la Convención de Kütahya, mediante la cual se reconoció al pachá rebelde el gobierno de Siria, Líbano, Palestina, Sudán y el sureste de Anatolia, ejercido a través de su hijo.
Como consecuencia de la pérdida territorial, ese mismo año Mahmud II firmó con Rusia el tratado de Hünkâr İskelesi. Este acuerdo estipulaba asistencia mutua durante ocho años en caso de agresión militar, incluyendo una cláusula secreta que facultaba al Imperio otomano a autorizar al zarato el cierre del estrecho de los Dardanelos al tránsito de buques extranjeros cuando lo estimara necesario.
Tanto el Reino Unido como Francia manifestaron su protesta, considerando que dicha disposición podía transformar el mar Negro en una zona de influencia rusa exclusiva. Esta controversia fue conocida como la «Cuestión de Oriente».
Abdulmecid sucede a Mahmud II
- C. Hurewitz comentó que:
Que Rusia no confiaba en formular sus políticas sobre el Estrecho ni estaba satisfecha con los resultados, ya que entre 1798 y 1806 dio sus primeros pasos tentativos para obtener el dominio de la vía fluvial y reanudó las tácticas entre 1833 y 1840 (Hurewitz, 1964).
La «Cuestión de Oriente» no fue resuelta por Mahmud II, quien falleció de tuberculosis el 1 de julio de 1839. Le sucedió su hijo mayor, Abdulmecid, entonces de 16 años, acompañado de los antiguos colaboradores de su padre, pero orientado hacia reformas gubernamentales.
Los cambios se promulgaron un cuatrimestre después mediante el Edicto de Gülhane, cuyo propósito era fortalecer el Imperio, fomentar la lealtad interna y proyectar una imagen de modernidad ante Europa. El edicto supuso extensas reformas en ámbitos políticorreligioso, militar, jurídico, fiscal y social.
Las reformas de Abdulmecid
En el área políticorreligiosa, se otorgó preminencia a la sharía y al kanun, estableciendo que las leyes debían emanar del Corán y de los preceptos fijados por el sultán Solimán, no de decisiones arbitrarias del soberano en turno. En lo militar, se instauró un sistema de reclutamiento regular inspirado en los ejércitos europeos, con un servicio obligatorio de un lustro.
En cuanto a la seguridad jurídica, se promovió el respeto a la vida, el honor y la propiedad. A nivel fiscal, se reguló la imposición de tributos y se abolió el sistema de iltizam o arrendamiento, evitando así la explotación por recaudadores privados.
Socialmente, se eliminaron distinciones legales entre musulmanes y personas de otras confesiones, especialmente en los Balcanes, sentando las bases para la ciudadanía otomana. Las potencias europeas recibieron favorablemente estas reformas, pues preferían un sultanato debilitado antes que el crecimiento de poder de figuras como el beylerbey Muhamad Alí y su hijo Ibrahim, y como resultado, el 15 de julio de 1840 se celebró la Convención de Londres.
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