Damat Ibrahim fue designado gran visir en enero de 1599. En ese momento se daba una lucha interna en el Imperio otomano entre jenízaros y sipahis, que al decir de Evrim Türkçelik:
Los dos contingentes militares asentados en Estambul, sino también el frágil equilibrio de poder entre los sipahi, los jenízaros y ulema. Como los sipahi se aliaban con la casta religiosa (ulema), el Palacio necesitaba asegurar la alianza de los jenízaros para contrapesar dicha oposición. Por eso, la privanza de Cigala era importante para el Palacio porque ayudaría a aquietar a los sipahi (Türkçelik, Cigalazade Yusuf Sinan Pasha y el Mediterráneo entre 1591 y 1606, 2012, pág. 267).
La posición ambivalente de Enrique IV con respeto al Imperio otomano
Cigala fue el antecesor de Damat. Este último:
Se dedicó a convencer a Enrique IV de que se remediarían las injusticias cometidas contra los franceses. De hecho, Sahin-Tóth señala que hasta finales de 1599 los otomanos tuvieron la inquietud de una posible ruptura con Francia, dado que Enrique IV pensaba retirar a su embajador, De Brèves. A pesar de que Ibrahim Pasha respondió favorablemente a la petición de retorno del embajador francés, el nuevo Mufti Sunullah Efendi, que había sido nombrado después de la muerte de Sadeddin, persuadió al Gran Visir para que no permitiese su vuelta a Francia (Türkçelik, Cigalazade Yusuf Sinan Pasha y el Mediterráneo entre 1591 y 1606, 2012, pág. 300).
En Francia, su rey, agregó Türkçelik:
Se desenvolvía con sutileza diplomática, entre mentiras al Sultán y muestras de buena voluntad hacia el Papa. Por un lado, declaraba que abrazaría la Liga anti-turca con la condición de que se organizara como una guerra total que pudiera acabar para siempre con el Imperio otomano. Por otro, como tal cosa era muy difícil de realizar, aconsejaba a su embajador en Roma que remitiera su buena voluntad al Papa con mucha discreción para que los turcos no se alertasen. Cuando tanto los otomanos como el Papado analizaban con atención hacia donde se decantaba la posición francesa, estalló en agosto de 1600 la crisis de Saluzzo. Esto desvió a Enrique IV de la posibilidad de un giro serio en su política oriental, lo cual quizá nunca se había planteado con seriedad (Türkçelik, Cigalazade Yusuf Sinan Pasha y el Mediterráneo entre 1591 y 1606, 2012, pág. 301).
El Imperio otomano perdió la confianza en Enrique IV con la entrada de Cigala a la corte
La política de Enrique IV estuvo orientada a mantener una alianza con el Imperio otomano. En enero de 1601, solicitó a la Sublime Puerta que atacara las costas de Calabria durante un conflicto con el Ducado de Saboya para potenciar los sentimientos antihispánicos entre los turcos, sin embargo, un bimestre después, el monarca francés alcanzó un acuerdo con el duque saboyano. Por su parte, Mehmed III revocó en abril las capitulaciones concedidas a Francia un sexenio antes, interpretando que Inglaterra demostraba ser un aliado más favorable que el soberano galo, hecho facilitado por la incorporación de Cigala a la corte otomana, el respaldo de la valide sultán Safiye y el apoyo del pachá Gazanfer Agá.
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